Doña Modesta

Doña Modesta fue una mujer recordada por la comunidad por su gran vocación de servicio y ayuda hacia el prójimo, especialmente por su trabajo asistiendo partos.

Muchas familias acudían a ella en momentos importantes, confiando en su experiencia y dedicación.

Se cuenta que tenía un chajá como mascota, que permanecía habitualmente en el portón de entrada de su casa, convirtiéndose en una imagen muy recordada por quienes la visitaban.

Además de asistir los nacimientos, realizaba previamente tareas de acompañamiento y cuidados a las futuras madres, ayudando a acomodar al bebé durante el embarazo para evitar complicaciones en el momento del parto.

Generalmente, las mujeres próximas a dar a luz acudían a su domicilio para permanecer allí hasta el nacimiento del bebé.

Su compromiso y dedicación dejaron una huella importante en la memoria de la comunidad, siendo recordada como una figura solidaria y profundamente humana.

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