José "Picapiedra" Azcona - Boxeador

Ya sonó la campana Picapiedra, ahora a descansar...

Fue mi compañero de la secundaria allá por principios de los años 90. No era alto, pero sí tenía una contextura física ligeramente robusta.

José Antonio Azcona, a quien todos conocíamos como “Corcho”, tenía un humor inocente y una risa constante ante cualquier situación. Siempre se manejaba muy bien en las clases y especialmente en matemáticas, materia en la que muchas veces me dio una mano.

Le gustaba hacer guantes, no porque tuviera una personalidad agresiva, sino porque era su pasión, así como a muchos en Solari les apasiona el fútbol. En los recreos del colegio solía practicar movimientos de boxeo contra adversarios imaginarios.

A veces entrenaba con otro compañero, Fabián Miño, y se trenzaban en intensos cruces de guantes, aunque nunca llegaban a pelear de verdad. Era casi un juego entre amigos.

Con el tiempo, su pasión fue descubierta por Miguel Fiol, un gran apasionado de los deportes y especialmente del boxeo. Fue entonces cuando comenzó su carrera sobre el ring de manera más seria y organizada.

Finalmente llegó la gran noche en el Club Social. Allí conocimos su identidad pugilista: “José Picapiedra Azcona”.

El apodo surgió por su origen solareño, donde la piedra rosada forma parte de la identidad del lugar y muchas familias vivieron durante décadas de extraer y picar piedras.

El club estaba repleto. Era la primera pelea de Corcho y todo Solari estaba allí alentando a su representante.

Cuando subió al ring, los aplausos y gritos explotaron. Picapiedra sonreía, quizá intentando ocultar sus nervios, mientras levantaba los brazos y se dirigía a su esquina.

Sonó la campana y salió decidido al centro del ring. Fueron tres rounds eternos para quienes lo acompañábamos desde afuera, alentando cada golpe y cada movimiento.

Finalmente llegó la campana final. Picapiedra había debutado con un triunfo por puntos y el juez levantó su brazo ganador. Solari lo aplaudió de pie.

Después llegaron nuevos éxitos y también derrotas, como sucede en todo deporte. Con el tiempo, muchos le perdimos el rastro y los años pasaron.

Este texto no pretende ser una biografía, sino un recuerdo nostálgico del primer boxeador solareño, para que la historia reserve un lugar para el nombre de “José Picapiedra Azcona”.

Escrito: Quique Moreyra